Un hombre cubierto de humo de cigarro y gesto malhumorado se decía a si mismo, mientras bebía solo en la barra de un bar:
- ¡Que mal huele!, no se como puedo soportarlo, y lo peor es que yo mismo me lo busco.
El cantinero lo escuchó y se hizo a un lado, no queriendo estorbar en su soliloquio.
- ¡Maldita sea! - gruñó el hombre - ¡es insoportable! -
Y así siguió quejándose, cigarro tras cigarro.
- ¡Cantinero!, ¡dame otra cajetilla de cigarros!
El cantinero después de haber oído su queja por varias horas, se extrañó de esta petición.
- ¿Esta seguro señor? - pregunto.
- ¡Claro que estoy seguro!, ¡que no ves que lo necesito, es lo único que me distrae de ese maldito olor!
- ¿Olor?, ¿Que olor señor?, yo solo huelo su cigarro. -
- ¿cómo que qué olor? ¡El olor a melancolía! - gritó el hombre.-

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