domingo, 27 de julio de 2014

Fantasmas de Carne y Hueso.

Seguro muchos recuerdan a Artyom, el anciano que experimentó una increíble muerte en aquel misterioso metro. Bueno, pues muchos años antes de que Artyom dejara este mundo, justo a la mitad de su vida, tuvo otra experiencia que lo marco para siempre.

Era domingo, Artyom había pasado toda la mañana en cama, con las sábanas hasta la cintura, no llevaba pijama, el creía que esto era atractivo para las mujeres, y aunque sus años de conquista habían terminado hace mucho tiempo aún conservaba está costumbre. Además su casa tenía una curiosa característica, nunca hacia frío o calor, se mantenía siempre templada no importando la época del año, y aunque esto pudiera parecer práctico a Artyom le molestaba, le daba la impresión de que la casa se negaba a conceder las emociones que conlleva el clima, parecía negarle la entrada a la melancolía de los fríos días de invierno o la alegría de los soleados días de verano, se podría decir que la casa era un poco como Artyom, quien nunca mostraba sus sentimientos, sólo aquellos que lo conocen bien tienen una idea de su estado de ánimo por el tono de su plática.

 Estaba fastidiado, no tenía ganas de leer ni de ver el televisor, ya no encontraba una postura cómoda y por tanto decidió levantarse al fin, tomó una ducha, se vistió, y salió de la casa. Al sentir los rayos del sol se sintió un poco mejor, casi contento, subió a su auto y se dirigió a la plaza comercial. No tardo mucho en llegar a pesar del tráfico, parecía que todos habían decidido ir allí ese día, le costó muchas vueltas encontrar un lugar para estacionarse, trato de buscar alguien que se dirigiera a su vehículo pero no lograba ver a nadie, sólo autos y más autos, hasta que al fin encontró un espacio vacío. Bajó del auto, lo cerro y camino hacia la entrada, no veía a nadie solo autos.

Las puertas automáticas del centro comercial se abrieron y entro, estaba obscuro, sólo unas pocas luces estaban prendidas, oía el bullicio y los pasos de la gente pero no lograba ver a nadie, ¿cómo era esto posible?, caminó despacio, se acercó al barandal y se asomó, nadie en el piso inferior, nadie en el superior, nadie en el suyo, pero los oía, los oía platicar, los oía reír, los oía caminar, dio la vuelta y se dirigió al negocio más cercano, una tienda de música, entro, nadie, en las cajas nadie cobraba, más adentro un joven de espaldas a el, estaba detrás de un mostrador con unos audífonos puestos, su cabeza se movía de un lado a otro de una forma arrítmica, movimientos rápidos, luego lentos que no parecían ir de acuerdo a ningún tipo de música que Artyom conociera, lo llamó repetidas ocasiones pero el joven nunca volteo. Una chica de rojo miraba discos en un exhibidor, se acercó a ella, no podía ver su rostro, cuando estaba por llegar a su lado dio la vuelta al exhibidor, tampoco así podía ver su rostro, Artyom dio también la vuelta pero ella cambió de exhibidor, esto se repitió algunas veces más, parecía huir de el, y no le pareció correcto llamarla o correr tras ella para no darle tiempo de escapar así que se alejó, al salir de la tienda todavía veía su vestido rojo y su espalda, el joven de los audífonos había desparecido.

Camino por el pasillo, sentía vacío, conocía bien todas aquellas tiendas, las había recorrido muchas veces, no sentía ganas de entrar en ninguna, trato de entender los murmullos que escuchaba pero era inútil, no lograba entender las conversaciones y seguía sin ver a nadie. A lo lejos distinguió una figura, una persona vestida de negro, al parecer una mujer, llevaba algo como una carreola de bebe, Artyom se dirigió hacia aquel lugar, con lentitud, no sabía bien porque pero deseaba hablarle, pero no quería verla desaparecer, siguió avanzando. Efectivamente era una mujer, había algo familiar en ella, llevaba vestido negro y el cabello suelto, era muy atractiva, sólo los separaban escasos veinte metros, ella no lo veía, sus ojos estaban fijos en otra dirección, quiso cruzarse en su línea de visión para que lo viera llegar, de manera que paso de largo, tendría que dar un rodeo pero era seguro que de esta forma ella lo viera antes de acercarse, no fue así, se giró en el momento justo que Artyom pasaría frente a ella. Aún así dio el rodeo, al doblar para entrar al pasillo donde ella se encontraba la vio, muy lejos, ahora estaba al otro extremo, ¿en que momento había sucedido eso?, sólo la perdió de vista unos segundos al pasar tras una columna justo antes de dar la vuelta, y ahora estaba a más de cien metros de ahí.

Esto lo desanimo aún más, continuo caminando es su dirección, se detuvo frente a la librería que frecuentaba, decidió entrar, camino hacia los estantes donde encontraba las novelas clásicas que tanto disfrutaba, miro los libros, los lomos resultaban ilegibles, le parecía reconocer las ediciones por su color y tamaño pero nada era legible, las letras eran borrosas, tanto en el exterior como en el interior, dejo el libro en su lugar y salió de allí. 

Se preguntó si estaría soñando, seguramente esa era la respuesta, se habría quedado dormido en su cuarto y todo esto era un sueño, trato de verse las palmas de las manos, sabía que sí era un sueño así se daría cuenta, para su disgusto las vio sin dificultad alguna y con toda claridad, pudo ver las líneas e incluso la cicatriz del dedo índice, si fuera un sueño esto no hubiera sido posible, entonces estaba despierto, esto era real, pero ¿cómo?, nada tenía sentido, esto incremento la necesidad de hablar con aquella mujer de negro, tal vez ella le ayudará a encontrar sentido a lo que estaba sucediendo, tal vez le confirmaría que perdió la razón, que la plaza estaba llena de gente, que era de día y todo estaba iluminado, que todo  era producto de su mente y que estaba loco de remate; corrió hacia ella. A medio camino alguien salió a su paso, poco falto para que impactará con ella pero logró detenerse.

Era otra chica, vestida de verde, lo miro espantada con unos grandes ojos negros, Artyom le preguntó su nombre y le dijo el suyo, no contesto, le pregunto si había más gente allí o sólo eran ellos, pero ella no contestaba sólo caminaba hacia atrás sin quitarle la vista de encima y alejándose lentamente. La mujer de negro que había estado quieta todo este tiempo comenzó a caminar, así que olvido a la chica de verde y reemprendió su carrera, esta vez la alcanzo, se detuvo a sus espaldas y la llamó.

-Disculpe, ¿podría darme un segundo?
-Por supuesto Artyom, Sabes que puedo darte más que eso, dime.
-¿cómo...? ¿Cómo sabes mi nombre?, ¿cómo sabes quien soy?, ¿quien eres?, no... no entiendo...

La mujer de negro giró hacia el, podía reconocer, esos ojos, esa, boca, ese cabello, pero no en la misma persona, los ojos eran de una, la nariz de otra, la boca de una tercera, como si todas las mujeres que conoció fueran  una, su voz eran muchas hablando al unísono.

-  ¿ustedes?
-  ¿ustedes?, no Artyom, sólo soy yo.
-  ¿cómo te llamas?
-   ¡jajaj! Buen intento, pero me temo que no te responderé, además lo sabes bien.
-   ¿qué esta sucediendo aquí?
-   No lo se, tu dime.
-   ¿Qué haces aquí?
-   ¿por qué?, ¿quisieras que no estuviera?.
-   No, no es así. 
  Pues a mi me parece que estas molesto.

Artyom fijó su atención en la carreola.


¿Qué pasa Artyom?
¿Es tu...?
¿Hijo?, ¿tu qué crees?, ¿quieres averiguarlo? 
No... no lo se...
¿A qué le temes?, ¿que puede haber en una carreola que te de miedo?
No tengo miedo, es sólo que...
Tienes miedo Artyom, lo veo en tus ojos, a mi no puedes engañarme.
¡No tengo miedo!, no es eso.
Ahora estas enojado, ¿que te molesta tanto? 
¡Te fuiste! 
¿Perdón?
Te fuiste, me dejaste, hace años, yo quería que te quedaras.
Bueno, estoy segura de que también alguna vez hubo alguien a quien la hubiera gustado que tu te quedarás y sin embargo no lo hiciste.

Artyom guardó silencio, sabía que aquello era cierto pero nunca lo había pensado, siempre se lamentaba de sus pérdidas pero nunca consideró la posibilidad de que el fuera la pérdida de alguien más, sintió una rara mezcla de orgullo y vergüenza y bajo la vista.

¿Sabes lo que hace a un momento inolvidable? el hecho de que ha terminado, para que podamos olvidar o recordar algo es porque ya sucedió, cualquier evento por grato que sea, si no terminara, acabaría por volverse monótono y aburrido, así es nuestra naturaleza, nuestros mejores momentos son tan maravillosos porque no son eternos. 
Eso no tiene sentido, yo se que hubiera sido feliz a tu lado, siempre.
Lo dudo, pues sé que yo no hubiera sido feliz, y si yo no lo soy como podría serlo la persona que este conmigo, no Artyom, no sería posible.
Pero alguna vez dijiste que envejeceríamos juntos, ¿lo has olvidado?
Aún lo recuerdo, acepto que cuando lo dije pensaba que así sería, que era posible, pero descubrí que estaba equivocada.
Entonces ¿sólo fui un error en tu vida?
Por supuesto que no Artyom, nada más lejano a la realidad, tu ayudaste a moldear a la persona que soy ahora, fuiste parte imprescindible de mi crecimiento, me enseñaste tanto, siempre serás parte de mi, aún si te llego a olvidar. Lo mismo paso conmigo, yo hice parte de lo que eres hoy, conmigo aprendiste a ver las cosas de otra manera, tu mismo me lo dijiste.
Lo que soy en gran parte es gracias a ti, me enseñaste no sólo a ver de otra manera, me enseñaste a escuchar el mundo que me rodea y a reconocer mi voz interna dentro de ese murmullo universal, me enseñaste que el horizonte se puede alcanzar, me enseñaste a hablar sin usar palabras, me enseñaste un mundo dentro del mundo, un mundo de dos, y cuando te fuiste murió. 
Otras personas nos necesitaban Artyom, teníamos que cruzarnos en el camino de más gente, para ayudarlas a moldearse y permitir que nos moldearan un poco más, la vida no somos tu y yo, somos muchos, algunos antes de "nosotros", otros después.
Te extraño.
Y yo a ti.
Entonces podemos volver a estar juntos.
Hoy no, ni mañana, tal vez cuando nadie más nos necesite, cuando hayamos cumplido con todos los demás, tal vez entonces podamos regresar. 
¿Cómo sabes que te necesitan?, ¿cómo sabes quien te necesita?
No lo sé, ni ellos probablemente, pero es una realidad innegable y es necesario que la llevemos a cabo, es vital para nosotros y para ellos.
Me parece absurdo.
Porque estas molesto pero sabes que es verdad, en el fondo lo sabes.
Si te digo que yo te necesito, entonces tienes que regresar, te necesito, más que los demás.
Ya me tuviste, ¿que más te podría dar que no te haya dado ya?
Yo te puedo dar más, he aprendido cosas nuevas, quisiera compartirlas contigo.
Y has aprendido cosas nuevas gracias a que conociste más gente, ¿los ves?, sólo así crecemos, aprendiste cosas que yo no hubiera podido enseñarte nunca, y, tal vez, algún día me las puedas enseñar. 
Promételo.
Quisiera poder hacerlo, pero al menos puedo decirte que me gustaría mucho.
¿Y mientras?
Mientras tanto recuerda que nadie llega a tu vida por error, no hay equivocaciones sólo lecciones, a veces para ti, otras para ellos y algunas más para ambos, vive, crece, comparte y se paciente.
Te...

No pudo terminar la frase, ella lo beso, un beso suave y dulce, Artyom cerró los ojos y se dejo llenar por un extraño sentimiento de melancolía y añoranza, recuerdos y más recuerdos pasaron frente a el, uno tras otro, pudo percibir olores y sabores, vio rostros, oyó palabras, sintió caricias, su pasado volvió por unos momentos, real, y término junto con el beso, se fue junto con ella, juntó con sus labios... desapareció.


Artyom abrió los ojos, lentamente, la luz lo cegó unos segundos, poco a poco fue recuperando la vista, la plaza estaba llena de gente, iban y venían ruidoso, indiferentes, permaneció de pie rodeado de bullicio, tras unos minutos echo a andar rumbo a la salida, una chica vestida de verde le pidió ayuda pues había dejado las llaves dentro de su auto y el acepto ayudar.

Muchas gracias, ¿cómo te llamas? 
Artyom.
¿Artyom?, me parece recordar ese nombre, creo haberte visto antes...




Fin


viernes, 9 de mayo de 2014

Esperándote


Siempre que paso me mira por entre las rejas oxidadas, la casa detrás de ella esta semiderrumbada, lo cual contrasta con su rostro de niña.

La primera vez no le preste atención, lo tome como una de tantas miradas que cruzamos y que no terminan en nada. Con el tiempo, me hacía sentir que mi vida no avanzaba y que estaba encerrado en una mañana, sentía como si fuera la misma mañana en que la vi por primera vez, solo el hecho de que cada día yo iba vestido de forma diferente, me hacía consciente de que era un nuevo día.

Esta situación empezó a molestarme, me ponía nervioso cada vez que iba a pasar por ahí, y al verla, nuevamente sentía que el tiempo me atrapaba y que era la primera vez.


Esta mañana decidí acercarme para pedirle que ya no me mirara.

      - ¡Hola pequeña! -
      - Hola. -
      - ¡Vives aquí!, ¿verdad? -
      - Si.
      - ¿Y tus padres? -
      - Murieron hace mucho. -
- ¡Lo siento!, ¿con quien vives entonces? -
      - Sola. -
     
Me sorprendió su respuesta, fue entonces cuando note que traía puesto un vestido muy viejo, roto y rasgado, sucio. Me espanto la idea de que una pequeña viviera sola. Me acerque mas a la reja, me recargue en los barrotes para verla mas de cerca, ¡se veía triste!


    - ¿Como puedes vivir sola? -
- Yo nací en esta casa, acababan de construirla, siempre he vivido
aquí, por eso no he querido irme, además... - no concluyo.
    - ¡Pero niña esta casa es muy vieja! -
    - No tanto, solo 40 años, como yo.-
    - ¿Como?, ¡eso es imposible! -
Haz memoria, tu y yo jugábamos juntos en el parque de enfrente. -
¿Anita?, ¿eres tu?, ¡No puede ser!-
    - así es, soy Ana. -

Anita era una niña a la que conocí cuando llegamos a vivir a la colonia, yo tenía seis años entonces. Éramos excelentes amigos, ella tenía cinco años. Cuando cumplí catorce me fui a estudiar a la capital, regrese años mas tarde pero no volví a saber nada de ella. Estaba frente a mí, entonces recordé‚ era idéntica al ultimo día en que la vi hacía veintisiete años.
- Pero ¿como? -
- ¿recuerdas aquella noche?, la última en que nos vimos. -
      - ¡Si! -
- Yo te dije que te amaba, te pedí que no te fueras, pero lo hiciste. -
      - ¡Si ...! -
- Bueno como veras me quede esperándote.
      - ¿Que? -
- No he vivido, no he hecho nada mas que esperarte, y hasta hoy has venido a hablarme, pero, hoy soy demasiado niña para ti, hoy me
doy cuenta que cometí un error, si no te hubiera esperado, si hubiera vivido como debía, tal vez hoy podrías quedarte aquí. -
    
Salí corriendo, lloraba como un niño. Yo se que no fue mi culpa, yo no le pedí que me esperara, sin embargo, no puedo volver a verla, esta noche, me voy lejos de aquí.


miércoles, 9 de abril de 2014

Ese Olor

Un hombre cubierto de humo de cigarro y gesto malhumorado se decía a si mismo, mientras bebía solo en la barra de un bar:
- ¡Que mal huele!, no se como puedo soportarlo, y lo peor es que yo mismo me lo busco.

El cantinero lo escuchó y se hizo a un lado, no queriendo estorbar en su soliloquio.

      - ¡Maldita sea! - gruñó el hombre - ¡es insoportable! -

Y así siguió quejándose, cigarro tras cigarro.

      - ¡Cantinero!, ¡dame otra cajetilla de cigarros!

El cantinero después de haber oído su queja por varias horas, se extrañó de esta petición.
      - ¿Esta seguro señor? - pregunto.
      - ¡Claro que estoy seguro!, ¡que no ves que lo necesito, es lo único que me distrae de ese maldito olor! 
      - ¿Olor?, ¿Que olor señor?, yo solo huelo su cigarro. -
      -  ¿cómo que qué olor? ¡El olor a melancolía! - gritó el hombre.-


jueves, 27 de febrero de 2014

La Celda.


Esa mañana despertó en una fría celda de no más de 2 metros cuadrados, estaba sobre un catre ruidoso y muy incómodo, las sábanas estaban sucias y olían a humedad.

-¿qué pasa? ¿Cómo he llegado hasta aquí? 

Trató de recordar, había ido a la cama como cualquier otro día, sólo, sin haber cenado, sin música, sin leer un poco, sin hablar con nadie, sólo así: del trabajo a la casa y a la cama. No recordaba haber soñado, sólo despertó con una sensación fría por todo el cuerpo, se vio en la penumbra, sintió los resortes del catre clavados en su cuerpo, se incorporó, y se dio cuenta de que estaba prisionero.

-Hola- llamó, -¿hay alguien ahí?-

Una tenue luz se colaba por una abertura en la puerta metálica que quedaba frente a el, era un hueco rectangular por el que podría caber un plato con alimento pero nada más grande que eso. Una sombra paso interrumpiendo la entrada de luz por un par de segundos.

-Hola- volvió a llamar -Hola, por favor, ¿quiero saber por qué estoy aquí?-
-¿quieres decir que no lo sabes?- contesto la sombra
-No, he despertado aquí, no se quien me ha traído ni por que.
-El por qué lo desconozco, pero sobre quien te ha traído...
-¿Quien ha sido? Dímelo por favor, esto no tiene sentido, ¡no he hecho nada malo!
-Nadie.-
-¿cómo? -
-Nadie te ha traído-
-pero eso es imposible-
-Improbable tal vez, pero tan posible que así ha sucedido.-
-te burlas de mi.-
-No, puedo asegurarte que nadie te ha traído, ¿cómo podría alguien haberte traído y encerrado si la cerradura de tu celda esta por dentro?-
-¿qué?

Así era, se acercó a la puerta y había una cerradura, y efectivamente parecía ser la parte que va por fuera. 


-¿Lo ves?- dijo la sombra.
-¿qué clase de broma es esta?-
-Esta prisión se construyo de adentro hacia afuera, tu ya estabas dentro cuando se hizo, se creo alrededor de ti, tu eres el centro.
-Pero...-
-Tu sabrás por qué estas aquí.-
-¿Eres el guardia?-
-Soy un guardia, uno de muchos.-
-¿Puedes llamar a alguien que me explique que hago aquí?
-Puedo hacer muchas cosas, la pregunta es ¿haré lo que tu necesitas?-
-Quisiera irme d aquí-
-Supongo que sí- 
-¿cuanto llevo aquí?-
-No lo se, yo llegue hoy.-
-Y ¿no sabes nada?-
-Se que tu estas ahí dentro y yo aquí afuera.-
-No resultas muy útil.-
-Cumplo una función, que te resulte útil o no, no depende mi.-
-Quisiera que estuvieras de este lado y ver sí te sigues burlando de mi en mi cara.-
-Parece que "quisieras" muchas cosas.-
-Al diablo contigo-

La sombra se fue. Se tiró en el catre de nuevo, trató de deducir lo que estaba sucediendo, ¿que había hecho para terminar ahí? Durmió, despertó, durmió y volvió a despertar, no tenía noción del tiempo, se angustió, lloró, grito a la sombra para saber sí seguía ahí afuera.

-¿Estas ahí?, ¡Hey! ¿Me escuchas?-
-Aquí estoy.-
-¿Puedes darme algo de comer?-
-Puedo hacer muchas cosas ya te lo he dicho, pero...-
-Si lo recuerdo, la pregunta es si las harás, ¡maldito seas!-
-Creo que no entiendes-
-¡Lárgate! ¡Déjame en paz!-

La sombra se fue. 


-¡oye!, tengo hambre, ¡al menos dame agua!-
-Toma.- le dijo la sombra un par de minutos después mientras introducía un traste con agua por la abertura de la puerta.
-Gracias.- le dijo después de tomar, -aún tengo hambre.-
-Al menos ya no tienes sed.-
-Lo disfrutas ¿verdad?-
-¿Que cosa?-
-Torturarme-
-Yo no te estoy torturando.-
-Encerrar a un hombre, sin alimentos, en la penumbra, ¡eso es tortura!-
-Tal vez, pero no es a mi a quien debes culpar por ello, no soy yo quien te tiene en dichas condiciones.-
-Puede que así sea, pero contribuyes a ello, ¡tu eres el guardia!-
-Pues no veo como ser un guardia contribuye en algo a tu situación.-
-Por lo visto no ves muchas cosas.-
-Pues creó que tu ves menos aún.-

Así paso el tiempo, tal vez días, tal vez años, no sabría decirlo, se volvió débil y amargado, la sombra a veces le llevaba lo que quería, a veces no, no entendía su situación, no entendía a la sombra, hasta que un día...

-¿Es que nunca me dejarás salir de aquí?-
-¿es que nunca entenderás que yo no te he encerrado?-
-Pero sólo tu estas aquí, ¿a quién más me puedo dirigir?- 
-Mientras sigas aquí, sólo a mi-
-¿lo ves?, sólo juegas conmigo, abre la puerta, ¡déjame salir!-
-Te lo dije cuando hablamos por primera vez, la puerta se abre de tu lado, sólo de tu lado.-
-¡Deja de burlarte de mi!- gritó. -¿cómo puedo abrir una puerta si no tengo la llave?- 

En un arranque de ira se lanzó contra la puerta, giro la manija y para su sorpresa esta se abrió, no tenía llave. Se quedó atónito, salió lentamente, se encontró en un pasillo iluminado, miró hacia ambos lados, nada no había ninguna otra celda, la única otra puerta estaba justo frente a la suya, lo único que se interponía era la sombra, quien resultó ser un hombre musculoso, se veía más  joven que el y tenía cierto parecido a alguien de su pasado, pero no lograba recordar quien. 

-¿qué broma es esta? ¿Por qué esta mi puerta abierta?-
-Nunca ha estado cerrada-
-No juegues conmigo...-
-Nadie juega contigo, siempre ha estado abierta, fuiste tu quien jamás intento abrirla.-
-¡tu me has tenido encerrado todo este tiempo! ¡Me has engañado!-
-Yo nunca dije que estuvieras encerrado, nunca dije que la puerta estuviera cerrada, siempre te dije que yo no tenía nada que ver con tu situación-
-Nunca me dijiste que podía salir-
-Nunca me lo preguntaste.-
-Tu eres el guardia, tu estas para evitar que escape.-
-Yo soy el guardia, peor nunca te impedí hacer nada, estoy para darte lo que pidas.-
-¿Por eso me matabas de hambre?, ¿cuantas veces te pedí alimento y no me diste nada?-
-Te di cuando pediste, pero tu la mayoría de las veces no me pedías nada, sólo mocionabas lo que te "gustaría", y eso no es pedir. Sin embargo cada vez que me pedías algo siempre te hice caso.-
-Por dios, ósea que ¿decir repetidas veces que tenía hambre no bastaba?-
-Decir no es pedir, dejarme claro que tenías hambre no es lo mismo que pedirme algo de comer. Nunca me preguntaste si podías salir, solo mencionabas que te gustaría hacerlo.-
-¿Insinúas que puedo largarme cuando quiera?-
-Siempre ha sido así-
-Que haya detrás de esa puerta?-
-Lo poco que te queda de vida.-
-¿por qué? Tantos años encerrado.-
-Insistes, nunca estuviste encerrado, simplemente nunca tuviste el valor ni la intención de ir más allá, te encontraste en una situación desagradable pero te conformaste con ella, te adaptaste y te quedaste, cuando lo único que necesitabas era abrir la puerta para que todo cambiara, hoy lo has hecho, hoy estas viejo y débil, debiste hacerlo antes.-
-Fui prisionero de mi mismo.- 


jueves, 20 de febrero de 2014

El Candidato. (Parte de la recopilación "Tras las puertas de las ciudades malditas")

-Jovencito, ¿Ves a ese señor de ahí?
-Si señora.
-Velo bien hijo, es un hombre importante, es el candidato a Representante de Distrito.
-No lo sabía.
-Obsérvalo con atención muchacho, ese hombre representa todo aquello que una persona nunca debería de ser.
-No la comprendo señora.
-Hijo, escucha y analiza a ese hombre, grábalo en tu mente para que nunca te conviertas en alguien así. Oye sus palabras, dice lo que todos quieren oír, sus frases están llenas de esperanza, pero todos sabemos que por bellas que sean es imposible que sucedan.
-Entonces, ¿Está mintiendo?
-Por supuesto, pero eso no es relevante muchacho, todos mentimos, lo grave es que no cree en sus palabras, si tan solo creyera en lo que dice, por imposible que sea, esta ciudad tendría esperanza. Su voz hueca lo delata, habla de algo que memorizó sin siquiera entenderlo, el no es el autor de su discurso, ¡Ja! si los políticos escribieran sus discursos no tendrían coherencia alguna. No hijo, ese hombre no cree en nada, la búsqueda de poder lo ha convertido en marioneta de otros más altos, pero él cree que maneja el espectáculo, está ciego y sordo para nosotros, no comprende a los habitantes, habla otro idioma, un idioma triste, aunque suene afable, sus palabras no pesan, vuelan, se elevan, se evaporan. Por otro lado, los gritos del pueblo, los gritos de dolor y de hambre resuenan por todas las calles y su eco permanece, vibrante, potente, aunque él no lo entiende.
-Parece feliz...
-Puedo asegurarte que no lo es, solo sabe sonreír en público, en la intimidad su rostro se apaga, su cabello encanece, sus dolencias lo abrazan. La ambición desmedida nunca puede ser saciada, nunca dará descanso a aquellos que la portan, nunca aceptan que alguien esté por encima, pero siempre habrá alguien más arriba, porque el poder es un círculo y no una montaña, no importa donde estés, siempre verás a alguien si miras arriba.

-¿Por qué lo escucha la gente entonces?
-Porque no tienen el valor de enfrentarlo, no se atreven a decirle que saben que miente. Tampoco tienen el valor de ofrecerse como candidatos, los problemas son tan graves que prefieren dejarlos a otros y limitarse a seguir criticando. Son ignorantes y apáticos, los otros, son inhumanos y ambiciosos.
-Entonces, ¿quién puede hacer el cambio?
-No importa hijo, no es necesario, basta que cada día hagas lo correcto, que cada una de tus acciones esté basada en el respeto a los demás y a ti mismo, no importa lo que hagan los otros, ellos no importan, solo tu definirás el futuro de esta sociedad. El cambio nunca vendrá de afuera, solo puede nacer en ti. Adiós hijo, cuídate y no olvides este día.

martes, 18 de febrero de 2014

Una vida en color. (Concurso de El Péndulo)

Yo nací del azul, era el principio de los tiempos, de mis tiempos, estaba en paz, flotaba, mi alma liviana se mecía al ritmo de suaves acontecimientos llenos de dicha, pero estos días fueron efímeros y si de ellos me preguntaran tengo pocos recuerdos. Fue después de esto que el rojo apareció, súbito, intenso, cargado de emociones, fue ella quién lo invitó, le abrió la puerta y él sin miramientos se apoderó de mi, el rojo es un color fuerte e intenso pero muy voluble, a veces me hacía crecer con su abrazo, otras me encogía con su peso, su persistencia lo tuvo años a mi lado, pero un día me levantó como un tornado y me lanzó de bruces contra el césped, ahí permanecí tirado mientras el verde se me encaramaba lentamente. Qué tranquilo es el verde, me di la vuelta y miré al cielo, tranquilidad, incluso tal vez sabiduría, introspección, empecé a comprender mi vida y al ponerme en pie escogí mi camino. Nada me preparó para lo que venía, el verde obscureció, la luz cedió ante la noche y el negro me rodeó, "la noche", claro, la había oído mencionar alguna vez pero era la primera en mi vida, llegó con la pérdida, quedé ciego, no la puedo comprender, en el negro todo es confuso, todo es igual, nada está cerca ni lejos, el tiempo no se percibe, no se si llegó ayer o si ya son años de obscuridad, no avanzo por miedo a perder el camino, y así, de rodillas, percibo un destello de luz en el horizonte, ¿el amanecer?, la luz se intensifica, es un destello, no hay color, ¿qué será de mi vida sin un color?, sigo ciego pero ahora en la blancura, no hay color, un sonido, es un canto, un canto maravilloso, se acerca, el sonido es más claro, más bello, entonces lo veo, vuela hacia acá, el pico se abrió más y más, la cabeza del gorrión se acercó a mi y el resplandor sonoro del amarillo avanzó suavemente y me envolvió. 

Los amigos que nunca serán.

Después de un largo vuelo a una gran ciudad con el objetivo de cerrar algunas negociaciones aquel hombre recogió su equipaje de la banda y salió a la sala de llegadas donde sabía que lo esperaban. No estaba cansado pues estaba acostumbrado a este tipo de viajes, sin embargo iba serio y un tanto altivo. 

Lo esperaba un hombre de menor estatura pero de mayor peso que el, este hombre pequeño esperaba con ansiedad y hasta cierta emoción al gran empresario a quien debía transportar a sus diferentes destinos en la ciudad. Algo curioso es que este "empresario" en realidad no lo era, jamás había credo empresa alguna, ni siquiera lo había intentado, toda su vida a sido empleado de alguien más, y esta vez era un empleado de un alto puesto en la compañía de un verdadero "empresario", eso si, por su actitud parecería que el construyo ese gran imperio comercial. El hombre pequeño lo reconoció al instante pues un día antes había estudiado su fotografía mientras le explicaban a donde debía llevar a este personaje y todos los cuidados que debía de tener al dar su servicio de chofer, al verlo lo llamo por su apellido únicamente como sí su nombre fuera demasiado importante y sus labios indignos de pronunciarlo, -Sr. Importante, por aquí por favor, muy buenos días, ¿cómo estuvo su viaje?-
le dijo con una voz firme pero llena de respeto, se presentó dando únicamente su nombre como sí su apellido careciera de importancia, el Sr. Importante le respondía con monosílabos sin darle mucha atención, con un aire de antiguo caballero que camina orgulloso delante de su escudero.

El hombre pequeño le llevaba la maleta y mientas atravesaban aquella sala parecía contagiado de la importancia y altivez de su cliente, caminaba erguido y miraba con cierto desdén a sus colegas que esperaban a otros viajeros, asumió la pose del cortesano que camina junto al rey frente a la servidumbre, y cabe aclarar que no era su costumbre pues se le conocía por su sencillez y carisma. 

Los pocos minutos que duró su caminata hacia el vehículo que abordarían le hizo una serie de preguntas y comentarios al Sr. Importante, mismas que este contesto de manera escueta. Subieron al automóvil  y la alegría del hombre pequeño se esfumó súbitamente, el orgullo desapareció y en silencio inició su recorrido. El Sr. Importante miro por la ventana el resto del camino. 

Aunque sólo los separaban unos cuantos centímetros parecería que había una gran distancia entre ellos, nunca sabrían que ambos eran hombres honestos, que jamás habían echo trampa en nada, que ambos eran casados y tenían hijos de edades similares y que enfrentaban situaciones cotidianas muy parecidas con sus familias, no sabrían jamás que compartían el gusto por el mismo deporte e incluso eran seguidores del mismo equipo, el color favorito de ambos es el azul, tenían tantas cosas en común, incluso habían crecido en la misma ciudad, ellos son los grandes amigos que nunca serán, pero la sociedad tiende a causar estas situaciones en que los hombres se asumen superiores o inferiores entre ellos cuando en realidad son iguales, sólo las almas verdaderamente puras escapan de este efecto.