Seguro muchos recuerdan a Artyom, el anciano que experimentó una increíble muerte en aquel misterioso metro. Bueno, pues muchos años antes de que Artyom dejara este mundo, justo a la mitad de su vida, tuvo otra experiencia que lo marco para siempre.
Era domingo, Artyom había pasado toda la mañana en cama, con las sábanas hasta la cintura, no llevaba pijama, el creía que esto era atractivo para las mujeres, y aunque sus años de conquista habían terminado hace mucho tiempo aún conservaba está costumbre. Además su casa tenía una curiosa característica, nunca hacia frío o calor, se mantenía siempre templada no importando la época del año, y aunque esto pudiera parecer práctico a Artyom le molestaba, le daba la impresión de que la casa se negaba a conceder las emociones que conlleva el clima, parecía negarle la entrada a la melancolía de los fríos días de invierno o la alegría de los soleados días de verano, se podría decir que la casa era un poco como Artyom, quien nunca mostraba sus sentimientos, sólo aquellos que lo conocen bien tienen una idea de su estado de ánimo por el tono de su plática.
Estaba fastidiado, no tenía ganas de leer ni de ver el televisor, ya no encontraba una postura cómoda y por tanto decidió levantarse al fin, tomó una ducha, se vistió, y salió de la casa. Al sentir los rayos del sol se sintió un poco mejor, casi contento, subió a su auto y se dirigió a la plaza comercial. No tardo mucho en llegar a pesar del tráfico, parecía que todos habían decidido ir allí ese día, le costó muchas vueltas encontrar un lugar para estacionarse, trato de buscar alguien que se dirigiera a su vehículo pero no lograba ver a nadie, sólo autos y más autos, hasta que al fin encontró un espacio vacío. Bajó del auto, lo cerro y camino hacia la entrada, no veía a nadie solo autos.
Las puertas automáticas del centro comercial se abrieron y entro, estaba obscuro, sólo unas pocas luces estaban prendidas, oía el bullicio y los pasos de la gente pero no lograba ver a nadie, ¿cómo era esto posible?, caminó despacio, se acercó al barandal y se asomó, nadie en el piso inferior, nadie en el superior, nadie en el suyo, pero los oía, los oía platicar, los oía reír, los oía caminar, dio la vuelta y se dirigió al negocio más cercano, una tienda de música, entro, nadie, en las cajas nadie cobraba, más adentro un joven de espaldas a el, estaba detrás de un mostrador con unos audífonos puestos, su cabeza se movía de un lado a otro de una forma arrítmica, movimientos rápidos, luego lentos que no parecían ir de acuerdo a ningún tipo de música que Artyom conociera, lo llamó repetidas ocasiones pero el joven nunca volteo. Una chica de rojo miraba discos en un exhibidor, se acercó a ella, no podía ver su rostro, cuando estaba por llegar a su lado dio la vuelta al exhibidor, tampoco así podía ver su rostro, Artyom dio también la vuelta pero ella cambió de exhibidor, esto se repitió algunas veces más, parecía huir de el, y no le pareció correcto llamarla o correr tras ella para no darle tiempo de escapar así que se alejó, al salir de la tienda todavía veía su vestido rojo y su espalda, el joven de los audífonos había desparecido.
Camino por el pasillo, sentía vacío, conocía bien todas aquellas tiendas, las había recorrido muchas veces, no sentía ganas de entrar en ninguna, trato de entender los murmullos que escuchaba pero era inútil, no lograba entender las conversaciones y seguía sin ver a nadie. A lo lejos distinguió una figura, una persona vestida de negro, al parecer una mujer, llevaba algo como una carreola de bebe, Artyom se dirigió hacia aquel lugar, con lentitud, no sabía bien porque pero deseaba hablarle, pero no quería verla desaparecer, siguió avanzando. Efectivamente era una mujer, había algo familiar en ella, llevaba vestido negro y el cabello suelto, era muy atractiva, sólo los separaban escasos veinte metros, ella no lo veía, sus ojos estaban fijos en otra dirección, quiso cruzarse en su línea de visión para que lo viera llegar, de manera que paso de largo, tendría que dar un rodeo pero era seguro que de esta forma ella lo viera antes de acercarse, no fue así, se giró en el momento justo que Artyom pasaría frente a ella. Aún así dio el rodeo, al doblar para entrar al pasillo donde ella se encontraba la vio, muy lejos, ahora estaba al otro extremo, ¿en que momento había sucedido eso?, sólo la perdió de vista unos segundos al pasar tras una columna justo antes de dar la vuelta, y ahora estaba a más de cien metros de ahí.
Esto lo desanimo aún más, continuo caminando es su dirección, se detuvo frente a la librería que frecuentaba, decidió entrar, camino hacia los estantes donde encontraba las novelas clásicas que tanto disfrutaba, miro los libros, los lomos resultaban ilegibles, le parecía reconocer las ediciones por su color y tamaño pero nada era legible, las letras eran borrosas, tanto en el exterior como en el interior, dejo el libro en su lugar y salió de allí.
Se preguntó si estaría soñando, seguramente esa era la respuesta, se habría quedado dormido en su cuarto y todo esto era un sueño, trato de verse las palmas de las manos, sabía que sí era un sueño así se daría cuenta, para su disgusto las vio sin dificultad alguna y con toda claridad, pudo ver las líneas e incluso la cicatriz del dedo índice, si fuera un sueño esto no hubiera sido posible, entonces estaba despierto, esto era real, pero ¿cómo?, nada tenía sentido, esto incremento la necesidad de hablar con aquella mujer de negro, tal vez ella le ayudará a encontrar sentido a lo que estaba sucediendo, tal vez le confirmaría que perdió la razón, que la plaza estaba llena de gente, que era de día y todo estaba iluminado, que todo era producto de su mente y que estaba loco de remate; corrió hacia ella. A medio camino alguien salió a su paso, poco falto para que impactará con ella pero logró detenerse.
Era otra chica, vestida de verde, lo miro espantada con unos grandes ojos negros, Artyom le preguntó su nombre y le dijo el suyo, no contesto, le pregunto si había más gente allí o sólo eran ellos, pero ella no contestaba sólo caminaba hacia atrás sin quitarle la vista de encima y alejándose lentamente. La mujer de negro que había estado quieta todo este tiempo comenzó a caminar, así que olvido a la chica de verde y reemprendió su carrera, esta vez la alcanzo, se detuvo a sus espaldas y la llamó.
-Disculpe, ¿podría darme un segundo?
-Por supuesto Artyom, Sabes que puedo darte más que eso, dime.
-¿cómo...? ¿Cómo sabes mi nombre?, ¿cómo sabes quien soy?, ¿quien eres?, no... no entiendo...
La mujer de negro giró hacia el, podía reconocer, esos ojos, esa, boca, ese cabello, pero no en la misma persona, los ojos eran de una, la nariz de otra, la boca de una tercera, como si todas las mujeres que conoció fueran una, su voz eran muchas hablando al unísono.
- ¿ustedes?
- ¿ustedes?, no Artyom, sólo soy yo.
- ¿cómo te llamas?
- ¡jajaj! Buen intento, pero me temo que no te responderé, además lo sabes bien.
- ¿qué esta sucediendo aquí?
- No lo se, tu dime.
- ¿Qué haces aquí?
- ¿por qué?, ¿quisieras que no estuviera?.
- No, no es así.
Pues a mi me parece que estas molesto.
Artyom fijó su atención en la carreola.
¿Qué pasa Artyom?
¿Es tu...?
¿Hijo?, ¿tu qué crees?, ¿quieres averiguarlo?
No... no lo se...
¿A qué le temes?, ¿que puede haber en una carreola que te de miedo?
No tengo miedo, es sólo que...
Tienes miedo Artyom, lo veo en tus ojos, a mi no puedes engañarme.
¡No tengo miedo!, no es eso.
Ahora estas enojado, ¿que te molesta tanto?
¡Te fuiste!
¿Perdón?
Te fuiste, me dejaste, hace años, yo quería que te quedaras.
Bueno, estoy segura de que también alguna vez hubo alguien a quien la hubiera gustado que tu te quedarás y sin embargo no lo hiciste.
Artyom guardó silencio, sabía que aquello era cierto pero nunca lo había pensado, siempre se lamentaba de sus pérdidas pero nunca consideró la posibilidad de que el fuera la pérdida de alguien más, sintió una rara mezcla de orgullo y vergüenza y bajo la vista.
¿Sabes lo que hace a un momento inolvidable? el hecho de que ha terminado, para que podamos olvidar o recordar algo es porque ya sucedió, cualquier evento por grato que sea, si no terminara, acabaría por volverse monótono y aburrido, así es nuestra naturaleza, nuestros mejores momentos son tan maravillosos porque no son eternos.
Eso no tiene sentido, yo se que hubiera sido feliz a tu lado, siempre.
Lo dudo, pues sé que yo no hubiera sido feliz, y si yo no lo soy como podría serlo la persona que este conmigo, no Artyom, no sería posible.
Pero alguna vez dijiste que envejeceríamos juntos, ¿lo has olvidado?
Aún lo recuerdo, acepto que cuando lo dije pensaba que así sería, que era posible, pero descubrí que estaba equivocada.
Entonces ¿sólo fui un error en tu vida?
Por supuesto que no Artyom, nada más lejano a la realidad, tu ayudaste a moldear a la persona que soy ahora, fuiste parte imprescindible de mi crecimiento, me enseñaste tanto, siempre serás parte de mi, aún si te llego a olvidar. Lo mismo paso conmigo, yo hice parte de lo que eres hoy, conmigo aprendiste a ver las cosas de otra manera, tu mismo me lo dijiste.
Lo que soy en gran parte es gracias a ti, me enseñaste no sólo a ver de otra manera, me enseñaste a escuchar el mundo que me rodea y a reconocer mi voz interna dentro de ese murmullo universal, me enseñaste que el horizonte se puede alcanzar, me enseñaste a hablar sin usar palabras, me enseñaste un mundo dentro del mundo, un mundo de dos, y cuando te fuiste murió.
Otras personas nos necesitaban Artyom, teníamos que cruzarnos en el camino de más gente, para ayudarlas a moldearse y permitir que nos moldearan un poco más, la vida no somos tu y yo, somos muchos, algunos antes de "nosotros", otros después.
Te extraño.
Y yo a ti.
Entonces podemos volver a estar juntos.
Hoy no, ni mañana, tal vez cuando nadie más nos necesite, cuando hayamos cumplido con todos los demás, tal vez entonces podamos regresar.
¿Cómo sabes que te necesitan?, ¿cómo sabes quien te necesita?
No lo sé, ni ellos probablemente, pero es una realidad innegable y es necesario que la llevemos a cabo, es vital para nosotros y para ellos.
Me parece absurdo.
Porque estas molesto pero sabes que es verdad, en el fondo lo sabes.
Si te digo que yo te necesito, entonces tienes que regresar, te necesito, más que los demás.
Ya me tuviste, ¿que más te podría dar que no te haya dado ya?
Yo te puedo dar más, he aprendido cosas nuevas, quisiera compartirlas contigo.
Y has aprendido cosas nuevas gracias a que conociste más gente, ¿los ves?, sólo así crecemos, aprendiste cosas que yo no hubiera podido enseñarte nunca, y, tal vez, algún día me las puedas enseñar.
Promételo.
Quisiera poder hacerlo, pero al menos puedo decirte que me gustaría mucho.
¿Y mientras?
Mientras tanto recuerda que nadie llega a tu vida por error, no hay equivocaciones sólo lecciones, a veces para ti, otras para ellos y algunas más para ambos, vive, crece, comparte y se paciente.
Te...
No pudo terminar la frase, ella lo beso, un beso suave y dulce, Artyom cerró los ojos y se dejo llenar por un extraño sentimiento de melancolía y añoranza, recuerdos y más recuerdos pasaron frente a el, uno tras otro, pudo percibir olores y sabores, vio rostros, oyó palabras, sintió caricias, su pasado volvió por unos momentos, real, y término junto con el beso, se fue junto con ella, juntó con sus labios... desapareció.
Artyom abrió los ojos, lentamente, la luz lo cegó unos segundos, poco a poco fue recuperando la vista, la plaza estaba llena de gente, iban y venían ruidoso, indiferentes, permaneció de pie rodeado de bullicio, tras unos minutos echo a andar rumbo a la salida, una chica vestida de verde le pidió ayuda pues había dejado las llaves dentro de su auto y el acepto ayudar.
Muchas gracias, ¿cómo te llamas?
Artyom.
¿Artyom?, me parece recordar ese nombre, creo haberte visto antes...
Fin



