Yo nací del azul, era el principio de los tiempos, de mis tiempos, estaba en paz, flotaba, mi alma liviana se mecía al ritmo de suaves acontecimientos llenos de dicha, pero estos días fueron efímeros y si de ellos me preguntaran tengo pocos recuerdos. Fue después de esto que el rojo apareció, súbito, intenso, cargado de emociones, fue ella quién lo invitó, le abrió la puerta y él sin miramientos se apoderó de mi, el rojo es un color fuerte e intenso pero muy voluble, a veces me hacía crecer con su abrazo, otras me encogía con su peso, su persistencia lo tuvo años a mi lado, pero un día me levantó como un tornado y me lanzó de bruces contra el césped, ahí permanecí tirado mientras el verde se me encaramaba lentamente. Qué tranquilo es el verde, me di la vuelta y miré al cielo, tranquilidad, incluso tal vez sabiduría, introspección, empecé a comprender mi vida y al ponerme en pie escogí mi camino. Nada me preparó para lo que venía, el verde obscureció, la luz cedió ante la noche y el negro me rodeó, "la noche", claro, la había oído mencionar alguna vez pero era la primera en mi vida, llegó con la pérdida, quedé ciego, no la puedo comprender, en el negro todo es confuso, todo es igual, nada está cerca ni lejos, el tiempo no se percibe, no se si llegó ayer o si ya son años de obscuridad, no avanzo por miedo a perder el camino, y así, de rodillas, percibo un destello de luz en el horizonte, ¿el amanecer?, la luz se intensifica, es un destello, no hay color, ¿qué será de mi vida sin un color?, sigo ciego pero ahora en la blancura, no hay color, un sonido, es un canto, un canto maravilloso, se acerca, el sonido es más claro, más bello, entonces lo veo, vuela hacia acá, el pico se abrió más y más, la cabeza del gorrión se acercó a mi y el resplandor sonoro del amarillo avanzó suavemente y me envolvió.
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