martes, 18 de febrero de 2014

Los amigos que nunca serán.

Después de un largo vuelo a una gran ciudad con el objetivo de cerrar algunas negociaciones aquel hombre recogió su equipaje de la banda y salió a la sala de llegadas donde sabía que lo esperaban. No estaba cansado pues estaba acostumbrado a este tipo de viajes, sin embargo iba serio y un tanto altivo. 

Lo esperaba un hombre de menor estatura pero de mayor peso que el, este hombre pequeño esperaba con ansiedad y hasta cierta emoción al gran empresario a quien debía transportar a sus diferentes destinos en la ciudad. Algo curioso es que este "empresario" en realidad no lo era, jamás había credo empresa alguna, ni siquiera lo había intentado, toda su vida a sido empleado de alguien más, y esta vez era un empleado de un alto puesto en la compañía de un verdadero "empresario", eso si, por su actitud parecería que el construyo ese gran imperio comercial. El hombre pequeño lo reconoció al instante pues un día antes había estudiado su fotografía mientras le explicaban a donde debía llevar a este personaje y todos los cuidados que debía de tener al dar su servicio de chofer, al verlo lo llamo por su apellido únicamente como sí su nombre fuera demasiado importante y sus labios indignos de pronunciarlo, -Sr. Importante, por aquí por favor, muy buenos días, ¿cómo estuvo su viaje?-
le dijo con una voz firme pero llena de respeto, se presentó dando únicamente su nombre como sí su apellido careciera de importancia, el Sr. Importante le respondía con monosílabos sin darle mucha atención, con un aire de antiguo caballero que camina orgulloso delante de su escudero.

El hombre pequeño le llevaba la maleta y mientas atravesaban aquella sala parecía contagiado de la importancia y altivez de su cliente, caminaba erguido y miraba con cierto desdén a sus colegas que esperaban a otros viajeros, asumió la pose del cortesano que camina junto al rey frente a la servidumbre, y cabe aclarar que no era su costumbre pues se le conocía por su sencillez y carisma. 

Los pocos minutos que duró su caminata hacia el vehículo que abordarían le hizo una serie de preguntas y comentarios al Sr. Importante, mismas que este contesto de manera escueta. Subieron al automóvil  y la alegría del hombre pequeño se esfumó súbitamente, el orgullo desapareció y en silencio inició su recorrido. El Sr. Importante miro por la ventana el resto del camino. 

Aunque sólo los separaban unos cuantos centímetros parecería que había una gran distancia entre ellos, nunca sabrían que ambos eran hombres honestos, que jamás habían echo trampa en nada, que ambos eran casados y tenían hijos de edades similares y que enfrentaban situaciones cotidianas muy parecidas con sus familias, no sabrían jamás que compartían el gusto por el mismo deporte e incluso eran seguidores del mismo equipo, el color favorito de ambos es el azul, tenían tantas cosas en común, incluso habían crecido en la misma ciudad, ellos son los grandes amigos que nunca serán, pero la sociedad tiende a causar estas situaciones en que los hombres se asumen superiores o inferiores entre ellos cuando en realidad son iguales, sólo las almas verdaderamente puras escapan de este efecto.

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